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sábado, 25 de septiembre de 2010

VOLANDO A MEDIA ALTURA -3

LA GENTE DE LA CALLE

Hoy me he sentado en un café del mentidero de El Puerto, junto al mercado. Café cortado y descafeinado de máquina, media tostada con aceite y tomate, 1.70 €.

Observo una mujer de color, con escasa falda y una cabeza adornada de trencitas, que me recordaba la muletilla donde antiguamente las mujeres hacían los encajes de bolillos y éstos colgando. Mucha cabeza, poca falda y excesivo movimiento de babor a estribor.

Mas allá, apostado a la pared, un mercachifle con la camisa abierta hasta el ombligo, para que se destaque sobre su peludo pecho un enorme cordón de oro y un Cristo crucificado, vende coquinas sin depurar a sus clientes habituales.

Una señora, próxima a los 50 años exhibiendo un wonderbra forzando a sus senos que pugnan por escapar a tan asfixiante presión, pero que luce orgullosa.

Quince o veinte turistas alrededor de una guía, prestando sin pestañear su atención a una lección de historia sobre un edificio emblemático, probablemente con más leyenda que historia.

Un pedigüeño, se para ante mi, mira mi frugal desayuno, y después a mi con gesto serio y desfiante. Me pide un céntimo. Confieso que me incomoda. Juega con ventaja, me pide un céntimo, me mira a los ojos y después a mi café. Le doy una moneda no tanto por caridad, como por desembarazarme de esa situación de desventaja moral.

No pasan diez minutos, otro pedigüeño. Esta vez sonriente, con una marioneta enfundada en su mano, me hace unas carantoñas y me pide una ayuda. Acabo de dar una moneda a otro colega, le digo y sonriendo me responde, “hay que ayudar a los de casa, que vienen de fuera a comernos el terreno”. Esta vez le di otra moneda, no me costó trabajo, aunque pensé, habrá “comunicación intranet” y voy a formar cola, estropeándome lo que suponía iba a ser un plácido desayuno desde mi atalaya?

Justo frente a mi, a tres metros, en la otra esquina, un vendedor de cupones de la Once, aparentemente no es ciego ni tiene ningún defecto físico. Un atril apoyado sobre la pared muestra un surtido de números ordenados, el cupón, el super cupón, el rasca, otro que no distingo bien, su lista de sorteos precedentes y probablemente el negocio mejor de la calle pues no le han faltado clientes permanentemente. Lleva además una maquinita expendedora de cupones al gusto.

Se para mi amigo Jose Manuel. Que tal, le digo. Ya ves, de agente de cambio y bolsa. Y eso? Mi mujer me manda los sábados al mercado y en la bolsa le llevo la compra, el resto de la semana, trabajo de Vepor: Jose Manuel,vepor el pan, vepor los nietos, vepor…, jajaja.

Hace calor. Unos desinhibidos extranjeros, convierten la calle en una prolongación de la playa con una escasez de ropa tan insultante como placentera para los mirones. Una guapa joven mamá con dos lindas niñas de la mano, con vestidos de alegres colores, pasea con toda dignidad su enorme obesidad mórbida. Demasiado frecuente ya. Antes parecía que solo existían en América.

Mi amigo el Chigüi, el gitano escritor y poeta, se sienta un momento conmigo para enseñarme un folleto turístico de un viaje con el Inserso. Le aconsejo y se va. Una señora que está de pié y lleva del brazo a su madre, nos ha oído y se me acerca: Perdone, es Vd. guía turístico?. No, por qué? Es que le he oído hablar y pensaba… bueno, no importa, en qué puedo ayudarla?. Es que este mes, se va a canonizar en Granada al Padre Leopoldo. La madre se dirige a mi con palabras incoherentes.. No le haga caso, tiene alzheimer, no se preocupe señora. La miro y veo una cara serena, joven aun y hermosa, pero con huellas manifiestas de sufrimiento, con profundas ojeras, ningún arreglo estético y probablemente buscando en el milagroso Padre Leopoldo alguna ayuda. Eso pensé. Le recomendé alguna de las numerosas agencias de viajes, que sin duda llevarán peregrinos a esa santificación.

Esta es la calle, esta es la gente, además de los que pasan desapercibidos, cada uno con su historia, sus pensamientos y sus preocupaciones, un dia cualquiera mientras vuelo a media altura.

LA GENTE

Hay que ver lo que es la gente

que mala es la gente

Mala gente, buena gente

Pero ! qué sabe la gente!

Dicen que es buena gente

Dónde va Vicente,

adonde va la gente

Siempre hablamos de la gente

como si no fuéramos gente.

Quien definió bien a la gente

fue el torero cordobés

Rafael Guerra “Guerrita”

cuando en cierta ocasión

a Ortega y Gasset presentaron

y al inquirir su profesión

le dijeron: es filósofo,

Y “Guerrita” contestó,

“Es que hay gente pa tó”

Alberto Boutellier

3 septiembre 2010

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