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viernes, 15 de octubre de 2010

LAGUNA SALADA II PARTE





LAGUNA SALADA DE EL PUERTO DE SANTA MARIA - II PARTE

Tres días después, regreso de nuevo a la laguna Salada. En esta ocasión, dispuesto a recorrerla de este a oeste. La zona oeste está más alejada del conjunto urbano de treinta y cinco edificaciones existentes dentro del Parque Natural. Por ello, he podido comprobar cómo la fauna en la parte oeste se encuentra más relajada, menos temerosa. Aguanto la respiración al ver entrar y salir gazapos en una colonia de madrigueras al borde de la orilla. Están a distintas alturas, sin duda para prevenir posibles subidas de nivel del agua. Crecen los sonidos a medida que me acerco al oeste. De pronto oigo un cloquear seco que de inmediato se duplica. Me quedo inmóvil. Dos patos surgen entre los juncos. No se asustan. Disparo mi cámara y se percatan de mi presencia. En lugar de huir volando, se alejan hacia el centro de la laguna buscando seguridad. Tengo tiempo de disfrutar de su visión. Sigo unos pasos más y me sobresalto ante un graznido que surge a pocos metros de mi y puedo ver una focha aleteando fuertemente a ras del agua con un rápido pateo sobre la misma, para desaparecer entre la vegetación unos metros más arriba. Alguien puede pensar que es exagerada mi exposición, cuando en un zoológico puede verse en cantidad y variedad abundante, pero aseguro, que es como degustar una dorada salvaje o una de piscifactoría. Como un descafeinado o un café de Colombia. Tras circunvalar el perímetro de este a oeste y permanecer cerca de una hora en la que el tiempo se ha parado, como si un borrador hubiese dejado limpio el encerado de mi cerebro, oxigenado, pleno de silencios, murmullos y piares, con una sensación de liviandad en mis escleróticas piernas, decido regresar por el carril embarrado. Nada más iniciado el regreso observo a la izquierda una hondonada y descubro una nueva laguna que no puede verse cuando se viene desde El Puerto. Atravieso el roturado suelo con terrones de tierra destripados y restos de tallos de girasol. Con gran dificultad desciendo cada vez con más peso, por la acumulación de barro en mis deportivos, hasta que llego a esta joya de Laguna Chica. Aislada de toda clase de edificaciones, solo dos cortijos a 400 m. en dirección este y norte pudieran perturbar la paz de esta laguna y en consecuencia, a medida que me acerco voy observando las distintas colonias de una variada fauna que no se inmuta. Me llega el eco de un desafiante kikiriki de algún gallo corralero. Es lo único que oigo hasta que apostado en la orilla, asisto al maravilloso concierto de las variadas voces de sus residentes. Con las mínimas cautelas, desfilan ante mi distintos tipos de anátidas. Algunas más temerosas, al descubrirme, realizan un balanceo sobre su cuerpo, introducen su cuello en el agua y desaparecen bajo ella. El espectáculo es sublime. Sin duda, la menor salinidad de las aguas de esta Laguna Chica, propicia una mayor variedad de avifauna que he podido comprobar visualmente, con distintas especies de ánades, y según información obtenida no es difícil avistar garzas y rapaces. Muy abundantes las garcillas bueyeras o garrapateras, como me dijo un lugareño .

Su proximidad con Doñana, alrededor de 25 km. es posible que sirva a algunas aves para considerar esta laguna lugar de visita ocasional, deducción profana de mi supino desconocimiento de las ciencias naturales, de las que la simple afición no me autoriza a adentrarme en datos técnicos.

Sí me atrevo a asegurar, que si este año hubiere un régimen normal de lluvias, podremos disfrutar otros doce meses del privilegio de un parque natural al borde de nuestras casas en El Puerto de Santa María, donde pasar unas horas de descompresión de stress y recarga de energía positiva.

Alberto Boutellier

12-10-2010

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