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miércoles, 2 de enero de 2013

EL COMUNICADOR INCOMUNICADO




               Reconozco que las nuevas tecnologías han supuesto un avance inimaginable en los últimos treinta años. Las ventajas que nos han aportado, inconmensurables. ¿Cómo entenderíamos los mayores unos servicios públicos sin la informática? ¿Y los que tienen menos de cuarenta años? A estos, un regreso al pasado sería aterrador. Hoy me pierdo en el proceloso mundo de acrónimos, neologismos y nueva semántica, además de sentirme un analfabeto por desconocer las más de quinientas voces de las que apenas puedo distinguir ADSL, CD-ROM, GPS y URL.
               Esto sí que es una invasión lingüística. Se han suplantado palabras que en español las entenderíamos todos. Hablamos con naturalidad de los Blogs, Http,  WhatsApp,  Bluetooth, e-Book, e-Mail o  JPEG sin más. Por una parte, el acrónimo ha trocado el conocimiento por la memoria; no es preciso saber que URL es Uniform Resource Locator (Localizador Uniforme de Recursos) pues resulta más cómodo el acrónimo, pero claro, nuestras neuronas no se regeneran a esta velocidad y podemos los mayores destrozarnos los incisivos con un canto, si somos capaces de usar internet. Los jóvenes han asimilado el ritmo con esa capacidad que tienen para aprender. Con muy pocos años conocen el lenguaje, tienen la retentiva y los reflejos para el uso de juegos que les obliga a una convivencia con las nuevas tecnologías. A cambio empobrecen sus conocimientos. Va siendo difícil encontrar jóvenes que escriban el castellano sin faltas, que no sepan multiplicar si no disponen de una calculadora, que desconozcan dónde está Toledo o quién descubrió la penicilina; sólo precisan un teléfono móvil con el sistema operativo android. La pérdida del móvil así equipado, supone la mayor catástrofe para el usuario.
               Lo importante es estar comunicado, pero el peaje que hay que abonar es muy alto si no somos capaces de racionalizar y usar bien el invento; y si no, estas Navidades, llevando el ejemplo al esperpento, ¿en qué domicilio donde se hayan reunido diez o doce comensales, normalmente en el de los abuelos,  no ha habido un momento en que, a excepción de los mayores, el resto, mientras las cigalas y langostinos esperaban con paciencia decir su último adiós, estaban ausentes de la cena intentando comunicarse?, a veces absurdamente entre ellos enviándose distintas cuchufletas. Mientras, los abuelos se dormían aburridos metiendo la nariz en la sopa. Es que el comunicador realmente ha dejado de comunicarse abducido por el android.

5 comentarios:

  1. Llevas razón Alberto, para mi ha sido abrirme una ventana al mundo en la que al asomarme me encontré con todos vosotros y ahora si no os veo os echo de menos.
    Un abrazo

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  2. Los nuevos teléfonos son la leche. Por eso yo quiero los antiguos ya que solo los deseo para hablar. Feliz Año Nuevo desde mi mejana

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  3. Afortunadamente Chelo, a pesar de que ya me ha cogido tarde esto de las nuevas tecnologías, pude tomar el último tren y voy enganchado a él, aunque en el estribo. Un abrazo

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  4. Sí, Felipe, nosotros no precisamos más allá de un simple teléfono, las demás aplicaciones son de otra generación.
    Un abrazo

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  5. Bien a mi aun estando de acuerdo contigo, en lo referente a los jóvenes, jajaja.. Me dio vida, me hizo 'remozarme', levantarme con el 'aquel' de 'encender' a los amigos. La verdad es que es hermoso saber que ¡ estáis ahí al igual que yo lo estoy aquí!
    Salud.

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