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sábado, 18 de abril de 2015

IKIGAI


Os puedo asegurar, amigos, que esa antigua foto de 1976, que colgué con nostalgia en 2012, en esta ocasión, no soy responsable de su publicación. Alguien, y no es de mi familia, la ha colgado, supongo que con buenísima intención y el resultado es un inmenso alud de respuestas y comentarios, que me llevan a la conclusión de que soy apreciado por mis amigos. Es decir, estoy alcanzando a sorbos y porciones mi ikigai, y solo deseo que lo alcancéis todos en vuestras vidas.
¿Qué es el ikigai?
Esta mañana he recibido de un amigo un archivo que, tal como lo he leído, he querido compartir con todos, pero me ha sido imposible por dos razones: o viene encriptado y no puedo guardarlo, o que, y es lo más probable, soy torpe en esto de la informática. No me ha quedado otro recurso que escribirlo a mano y poner a continuación el resumen, con la promesa de que, cuando alguno de mis nietos aparezca, lo publicaré, porque el resto se complementa con esta síntesis que sigue.
“En un pequeño pueblo japonés una mujer estaba muriendo. De pronto tuvo la sensación de ser llevada al cielo y estar delante de la voz de sus antepasados.
-¿Quién eres? –le dijo una voz.
-Soy la esposa del alcalde –respondió ella.
-Yo no te pregunté de quién eres esposa sino quién eres tú.
-Soy la madre de cuatro hijos.
-Yo no te pedí que digas cuantos hijos tienes sino quien eres.
-Soy una maestra de escuela.
-Yo no te pregunté cuál es tu profesión sino quién eres.
No parecía una respuesta satisfactoria a su pregunta, hasta que la mujer dijo:
-Yo soy quien se despierta cada día para cuidar a mi familia y alimentar las mentes jóvenes de los niños en las escuelas.
Pasó el examen y fue enviada de nuevo a la tierra. A la mañana siguiente se despertó sintiendo un profundo sentido de significado y propósito.
Había descubierto su ikigai”.
Solo pretendo que este relato, y el resto de mensajes que trataré de colgar, os lleve a la reflexión que a mí me ha conducido. Tengo muchos motivos para echar de menos la felicidad; son grandes las razones de desasosiego y pesar que, a mí y a casi todos mis amigos, nos aflige, pero estoy seguro que todos tenemos la oportunidad de encontrar nuestro ikigai en las pequeñas oportunidades que se nos presentan, y confiar en que, si sabemos quién somos, la encontraremos en muchas ocasiones, como yo he encontrado mi porción en esa añeja fotografía y la respuesta de mis amigos.

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