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viernes, 18 de diciembre de 2015

A VUELTAS CON FACEBOOK


De natural, y aunque serio, tengo un buen sentido del humor. A veces utilizo una ironía, que pudiéramos llamar blanca, y que no busca más que la sonrisa; en ningún caso el sarcasmo, la mordacidad o mofa del desfavorecido, y jamás, la calumnia o la injuria (esto es muy grave). He de reconocer que en materia política, sí he sido y soy: sarcástico, mordaz y guasón. Claro, ellos -no todos- me lo ponen a huevo, es fácil.
¿A qué viene este comentario? Pues porque las redes sociales, cada día, van formando más parte de nuestra vida. Es como un miembro más. Se ha adherido a nuestro cuerpo o nos ha brotado como un apéndice, vamos, como si nos hubiera crecido un rabo, un brazo o algún órgano interno (esto sería más grave) y si no, haced la prueba de prescindir durante una semana de vuestro móvil o de visitar a vuestros amigos en FB. Como mínimo es una rémora que viaja con nosotros y que, en cierto modo, sirve de muletilla para desahogar nuestras alegrías, nuestras penalidades, nuestros pensamientos, nuestras debilidades, nuestras frustraciones y nuestros deseos de deslumbrar, asombrar, presumir...
En mi opinión, estas actitudes pueden crear efectos negativos, que se vuelven contra el que publica, porque puede reflejar una imagen de sí mismo que no se corresponde con la realidad.
Con los amigos reales no es relevante porque media el conocimiento personal, pero con los amigos virtuales puede resultar equívoco, creándonos un perfil, simplemente, por las sensaciones que se perciben a través de algún o algunos comentarios.
Estoy seguro, y esto me lleva a una reflexión, que creo tiene una relevancia máxima en las relaciones humanas; y me explico:
Hace unos días, una amiga virtual de la que tengo la mejor imagen en todos los aspectos, y a la que admiro, entendiendo que algún comentario suyo podría haberme incomodado, me envió un mensaje privado, de preocupación, del que reproduzco este fragmento referido a las amistades virtuales:
…“Lo que le falta a este tipo de relaciones son miradas, gestos, inflexiones en el tono de voz, esa cercanía que no tiene la amistad virtual”…
Para mí, tienen un gran valor estas palabras. Son las que han motivado este artículo, que concluyo, recordando lo que en psicología se llaman los tres perfiles que configuran la imagen de una persona: Cómo somos, cómo deseamos que nos vean y cómo nos ven. Los dos primeros están en nuestras manos, el último depende de muchos factores.

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