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viernes, 18 de diciembre de 2015

UN RELATILLO PARA HACER BOCA


Es como cuando éramos jóvenes, los 13 o 14 años; siempre había un alumno de un curso superior, que trataba de mostrarse ya como un hombre, y encendía un cigarrillo. Tras un ceremonial, en el que no faltaba cerrar un ojo mientras acercaba el encendedor a la punta del pitillo; una primera y profunda calada para, enseguida, exhalar una bocanada de humo que envolvía por un instante su rostro, al tiempo que hacía una mueca. Lograba la admiración de los alumnos más jóvenes al poner cara de James Dean y dirigir una mirada de soslayo al corro de niñas, que le solían mirar sin descaro, más bien a hurtadillas. Era el inductor para que los más jóvenes vieran en él al hombrecito, que fumando, se convertía en hombre y despertaba el interés de las mocitas.
Después venían las lecciones, los mareos ante las primeras caladas –eso solo pasa en las primeras ocasiones- decían, después veréis los resultados. Y caíamos, y comenzábamos a fumar, y nos quedábamos atrapados de por vida, y, al final, nos esperaba un infarto, una arterioresclerosis o un cáncer de pulmón.
¿Y qué tiene que ver esto con la lectura? Pues muy sencillo: la gente no lee porque no tiene ese inductor. Porque nos imponen en el colegio lecturas inadecuadas que no crean afición. De mayores ya no leemos. En alguna ocasión cae en nuestras manos un bestseller con una enorme carga publicitaria y 600 hojas; nos lo han regalado y termina, tras leer en una semana ocho páginas, adornando el mueble donde tenemos, en lugar de privilegio, una impresionante pantalla de plasma.
Tengo que seguir siendo admirador de Facebook, porque está emulando a aquél joven inductor que nos aficionó a fumar. Los aficionados a esta red social empiezan por leer las numerosas citas de pensadores, filósofos, escritores de prestigio; se lee con facilidad, se lo tragan. Ya no les cuesta trabajo seguir un powerpoint, que le lleva unos minutos. Vamos bien. Comienzan a leer artículos, y si el relato no es muy largo, ya tenemos un lector en potencia, que terminará siendo un empedernido devorador de páginas sin riesgo para su salud.
¡Hay que ver la que tengo que montar, para que los que me siguen en FB, den el paso de leer mis libros! Esto es publicidad, amigos, mi última novela RELATOS CORTOS Y MENOS CORTOS tiene alguno que lo lees en dos minutos, otros en diez, alguno en veinte minutos y uno en un par de horas. Para todos los gustos. Puedes ir entrenándote con los cortos. Terminarás leyendo los más largos. Está casi agotada la primera edición, pero estoy deseando presumir de una segunda edición. ¡No me digas que no tienes dos minutos de tiempo!


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